

Los evolucionistas sostienen que las hormigas «evolucionaron» de abejas silvestres hace aproximadamente 80 millones de años y que «desarrollaron» su complejidad social de forma espontánea entre 65 y 40 millones de años atrás.
Se presenta el hallazgo de una hormiga fosilizada en ámbar de 50 millones de años. Esta hormiga es idéntica a las especies actuales, lo que contradice la idea de un «desarrollo» gradual o de formas transicionales.
La identidad entre las hormigas fósiles y las actuales demuestra que las hormigas fueron creadas en su forma perfecta desde el principio. Esto refuta la necesidad de «formas intermedias» o un «desarrollo» progresivo, que son conceptos centrales en las afirmaciones darwinistas.
La ausencia de cambios en las hormigas a lo largo de millones de años implica que fueron creadas de forma completa y perfecta desde su origen. Esto invalida las afirmaciones de un proceso de «evolución» que requeriría la aparición de nuevas características o la «adaptación» gradual.