

Los fósiles de gorgojos demuestran que estos insectos siempre han existido en su forma creada, sin haber evolucionado de otras formas de vida. Han permanecido idénticos por decenas de millones de años, lo que indica que no han cambiado ni se han transformado en otras especies.
Los fósiles de gorgojos que son idénticos a las especies que viven actualmente tienen entre 54 y 37 millones de años de edad. Esta semejanza a través de vastos periodos de tiempo es una prueba de la inmutabilidad de su creación.
La constancia de los gorgojos en el registro fósil refuta la teoría de la evolución porque muestra que estos seres vivos no han cambiado ni se han desarrollado en otras especies a lo largo de millones de años. Su forma creada ha sido perfecta desde el principio, sin necesidad de transiciones o supuestas mejoras.
Dentro de la superfamilia Curculionidae, existen más de 60 especies distintas de gorgojos. Todas ellas mantienen las características fundamentales de los gorgojos, tal como fueron creadas por Allah.