

La teoría de Darwin se propuso en un tiempo de conocimiento científico primitivo, donde se desconocía la genética y la verdadera complejidad de la célula. Descubrimientos posteriores en genética y anatomía revelaron estructuras biológicas complejas que no pueden explicarse por los mecanismos evolutivos propuestos.
La paleontología, al estudiar los fósiles, revela la naturaleza estable de las estructuras de los seres vivos a lo largo de millones de años. Esta falta de cambios y la presencia de organismos complejos desde sus primeras apariciones desafían la idea de una evolución gradual.
El fósil de hoja de olmo, con una antigüedad de 54 a 37 millones de años, sugiere que las estructuras complejas de los organismos vivos han permanecido inalteradas. Este hecho demuestra que Allah Todopoderoso creó todos los seres vivos en su forma perfecta y completa.
En la época de Darwin, la célula era erróneamente considerada una estructura simple, como un "globo relleno de mermelada". El conocimiento científico moderno ha revelado la célula como una entidad de complejidad asombrosa, con intrincados sistemas y mecanismos que demuestran un diseño impecable.
La estabilidad de las estructuras biológicas implica que los seres vivos no "evolucionaron" o "cambiaron" gradualmente, sino que fueron creados con sus características completas y perfectas desde el principio. Esto apunta a la existencia de un Creador que diseñó toda la vida de manera impecable.