

Charles Darwin era consciente de las contradicciones e inconsistencias de su teoría, considerándola una especulación que iba más allá de los límites de la verdadera ciencia. Expresó estas preocupaciones en sus escritos y correspondencia.
La paleontología refuta la teoría de la evolución porque todos los fósiles recolectados demuestran que la evolución no ha ocurrido. Los seres vivos aparecen en el registro fósil en su forma completa y creada, sin mostrar cambios graduales ni formas transicionales.
Fósiles como el de la hoja de olmo de 50 millones de años demuestran que los organismos no han evolucionado. Estos hallazgos revelan que las especies fueron creadas en su forma definitiva y permanecieron inalteradas a lo largo de millones de años.
La ausencia de formas transicionales es crucial porque la teoría de la evolución postula un desarrollo gradual de las especies a partir de ancestros comunes. El registro fósil no presenta estas formas intermedias, lo que invalida una de las premisas centrales de la teoría.
Que la teoría de la evolución es solo especulativa significa que carece de pruebas científicas sólidas y se basa en conjeturas. Muchos científicos han confirmado que no tiene valor como una explicación probada del origen de la vida y las especies.