

El registro fósil no apoya la teoría de la evolución porque carece de las formas transicionales necesarias para demostrar un cambio gradual. Según Henry Gee, la vasta escala del tiempo geológico desafía cualquier narrativa evolutiva coherente basada en los fósiles.
Los evolucionistas interpretan la información del registro fósil de manera sesgada, a la luz de sus propias preconcepciones. Tienden a forzar los datos para que encajen en el marco de la teoría de la evolución, en lugar de permitir que los fósiles hablen por sí mismos.
El cráneo de oso del sol de 6.7 millones de años demuestra que las afirmaciones del darwinismo sobre el origen de la vida son poco realistas. Este fósil, como muchos otros, muestra que las especies aparecen en su forma completa y no como resultado de un proceso gradual de cambio.
El darwinismo se considera una hipótesis sin relación con los hechos reales porque las pruebas del registro fósil contradicen sus postulados. La ausencia de evidencia de formas intermedias y la aparición súbita de especies completas son inconsistentes con la teoría.
Significa que la inmensa duración del tiempo geológico hace imposible construir una secuencia narrativa continua y detallada de la evolución a partir del registro fósil. Las brechas en los fósiles son tan grandes que impiden trazar una evolución paso a paso.