

Las afirmaciones darwinistas son infundadas porque proponen que los átomos inanimados se organizaron por casualidad para formar vida compleja, sin presentar ninguna evidencia que demuestre que este proceso imaginario haya ocurrido alguna vez. Los átomos carecen de inteligencia o habilidades para tal hazaña.
Los átomos, al ser unidades de materia inconscientes e inanimadas, no poseen la inteligencia o la capacidad para combinarse al azar y organizarse en estructuras vivas complejas. Esta incapacidad inherente de los átomos desmiente la noción darwinista de autoorganización de la vida.
Un fósil de 125 millones de años, como el de la chinche apestosa alada, desafía la teoría de la evolución al mostrar que los seres vivos no "evolucionaron" gradualmente. Su existencia en una forma completa y perfecta desde hace tanto tiempo es una prueba de la creación directa por Allah.
La ausencia de evidencia para el supuesto proceso "evolutivo" de la vida a partir de fenómenos naturales socava las tesis centrales del darwinismo. Esta falta de pruebas sugiere que la vida no surgió por azar, sino que fue el resultado de una creación intencionada.
La existencia de seres vivos complejos implica que no pudieron haber surgido por procesos aleatorios o "evolutivos". Su diseño intrincado y perfecto apunta a la existencia de un Creador Todopoderoso, Allah, que los creó en su forma completa.