

La tesis de que humanos y simios comparten un ancestro común carece de fundamento porque no ha sido respaldada por evidencia científica desde su propuesta inicial. Los fósiles obtenidos demuestran que simios y humanos siempre han existido como especies distintas y sin transiciones.
La ausencia de formas transicionales en el registro fósil prueba que los simios no se transformaron en seres humanos, y que no comparten un ancestro común. Los fósiles indican que las especies han permanecido inalteradas en sus formas creadas a lo largo de millones de años.
El cráneo de jaguar de 87 millones de años refuta la especulación evolucionista al mostrar que no ha habido cambios en la estructura de estos mamíferos durante decenas de millones de años. Esto sugiere que las especies, como los simios y los humanos, han sido creadas en su forma definitiva y no han cambiado con el tiempo.
La postura de la creación sostiene que los simios siempre han existido como simios y los humanos como humanos, sin que los primeros se hayan transformado en los segundos. Las especies fueron creadas directamente por Allah en su forma perfecta y completa.