

La teoría de la evolución se considera carente de validez científica porque es una hipótesis que no ha sido probada ni confirmada por hallazgos. Las fantasías evolucionistas sobre la transformación de especies no cumplen con los criterios científicos.
La ausencia de fósiles de formas transicionales, como un ser mitad invertebrado y mitad vertebrado, o mitad pez y mitad reptil, desafía la teoría de la evolución. Existen innumerables fósiles que demuestran que la evolución nunca ocurrió.
El fósil de una mantis marina de 95 millones de años se presenta como un ejemplo que prueba que la evolución nunca ocurrió. Este fósil muestra que la mantis marina ha mantenido su forma creada a lo largo de millones de años, sin cambios evolutivos.
Las afirmaciones evolucionistas sobre cómo los invertebrados se convirtieron en vertebrados, los peces se movieron a la tierra o los dinosaurios comenzaron a volar, son consideradas fantasías sin fundamento científico. No hay evidencia que las respalde.
La ausencia de formas transicionales significa que no hay evidencia de especies intermedias que muestren un cambio gradual de una especie a otra. Esto contradice la idea central de la evolución, que postula transformaciones lentas y progresivas.