

Según Robert A. Martin, si el modelo de la evolución fuera correcto y el registro fósil fuera lo suficientemente denso, se deberían encontrar formas intermedias en todas las escalas estructurales y cronológicas.
Los fósiles revelan que cada especie apareció de repente con sus propias características particulares. No hay líneas de descendencia entre las formas de vida, lo que contradice la idea de una progresión evolutiva gradual.
La ausencia de formas transicionales refuta la teoría de la evolución porque, si la evolución fuera cierta, el registro fósil debería mostrar innumerables eslabones intermedios entre las especies. La falta de estas formas semi-desarrolladas es una objeción fundamental a las tesis evolucionistas.
La evidencia fósil, al mostrar la aparición súbita de especies completas y la ausencia de formas intermedias, lleva a la conclusión de que la evolución es inválida y que la creación es un hecho innegable. Este patrón apoya la idea de que cada especie fue creada de manera directa y perfecta.