

La supuesta evolución del caballo es una falsedad darwinista porque no hay evidencia científica que la respalde. Los caballos han permanecido inalterados a lo largo de millones de años, lo que refuta las afirmaciones de cambio gradual propuestas por la teoría evolucionista.
Un cráneo de caballo salvaje asiático de 33 millones de años es una evidencia clave que contradice la evolución del caballo. Este fósil demuestra que los caballos vivían de la misma manera entonces que ahora, lo que indica que Allah los creó en su forma perfecta desde el principio.
La inmutabilidad de los caballos desafía las afirmaciones del darwinismo al demostrar que no hubo un proceso de cambio o desarrollo gradual. Si los caballos han permanecido idénticos durante millones de años, esto refuta la idea de que han evolucionado a partir de formas ancestrales diferentes.
La ausencia de cambios en los caballos a lo largo de millones de años significa que Allah los creó de manera perfecta y completa desde el principio. Su forma y características actuales no son el resultado de un proceso de evolución, sino de una creación directa e impecable.
El registro fósil indica que los caballos tienen una antigüedad de millones de años, con ejemplos como el cráneo de caballo salvaje asiático de 33 millones de años. Este registro muestra que han mantenido sus características esenciales sin cambios significativos a lo largo de este vasto período.